jueves, 30 de noviembre de 2017
miércoles, 29 de noviembre de 2017
CURSANTES NO PASANTES calificaciones 1er. y 2do. parciales
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1er. parc
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TP
Amaya
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TP
Vanotti
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2do. parc
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LOPEZ ORTIZ
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5
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6
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9
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7.50
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MACIAS INES
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5
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8
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9
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8.50
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CARDOZO FANNY
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4
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7
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8
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7.50
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ROSSI AILEN
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4,5
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9
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8
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SERRUDO DANIELA
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5,5
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6
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9
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7.50
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PORCEL AGUSTINA
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6,5
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7
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8
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7.50
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CARRIZO PAOLA
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7,5
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9
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10
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9.50
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ANILE LUCIANA
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5
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7
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9
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8
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AVILA GABRIELA
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5
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8
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9
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8.50
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CORGIAT CAMILA
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6,5
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8
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9
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8.50
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jueves, 23 de noviembre de 2017
sábado, 18 de noviembre de 2017
para seguir pensando adolescencia(s)
Adolescentes
Los adultos seguimos convencidos de que la soledad, la incomprensión y el vacío son cosas de la edad
El 3 de agosto, en la ciudad de La Plata, Argentina, una chica de 15 años sacó un revólver en clase y se disparó un tiro en la cabeza. Murió cuatro días después. Dejó una nota a sus compañeros: “Chau, mierdas, dejo un juego en la mochila. El que lo encuentre se lo queda”. El juego era Metal Gear Solid 5 Ground Zeroes. Hay una serie llamada 13 reasons why. Cuenta la historia de una adolescente que se suicida y deja, grabadas, 13 razones por las cuales lo hace. La serie tiene problemas —de guion, de verosimilitud—, pero es exitosa reconstruyendo la soledad y la incomprensión que, como lentes de aumento, agigantan situaciones —desengaños, burlas, brutalidad entre pares, indiferencia de los padres— y las vuelven insoportables. Le pregunté a un conocido si la había visto. Me dijo: “¡No! Es para adolescentes”. Resulta curiosa la forma en que los adultos hablamos de “los adolescentes” como quien dice “los marcianos” o “esa gentuza”. A veces pienso que es debido al estrés postraumático: todos pasamos por esa etapa de desgracia fantástica y casi nadie quiere volver. La revista Time publicó que en 2015 tres millones de adolescentes tuvieron un episodio depresivo grave en Estados Unidos. En la Argentina, el Ministerio de Salud indica que de las 6.500 muertes que se producen por año entre personas de 15 a 24 casi 1.000 son suicidios. Según datos de 2017 de la OMS, el suicidio es la tercera causa de mortalidad de adolescentes en el mundo, la primera en Europa, y la tasa sube año tras año. Mientras eso pasa, los adultos seguimos convencidos de que la soledad, la incomprensión y el vacío que a veces sobrevienen en esa etapa no son problemas de la condición humana, sino “cosas de adolescentes”. Como quien menta —qué alivio— una peste con fecha de caducidad.
jueves, 16 de noviembre de 2017
acerca de las nuevas constelaciones familiares
"... el concepto “complejo de Edipo”, tal como fue teorizado en la obra freudiana y retomado a partir del estructuralismo psicoanalítico. ¿Qué vigencia tiene este articulador fundamental en la actualidad, cuando la familia tal como la hemos conocido a lo largo de los siglos XIX y XX (respecto a este último en su primera mitad) está en vías de mutación, no sólo por las formas sociales que toman los acoplamientos sino por la aparición de aquello que he denominado, hace ya algunos años, “el estallido de la contigüidad biológica”?
Bajo su forma tan difundida como banalizada, este complejo, que consiste en el amor por el progenitor del sexo opuesto y por el odio al del mismo sexo, puede ser derribado en su carácter de organizador general del psiquismo a partir de las nuevas formas de procreación y crianza, dado que asistimos a nuevos modelos que si bien no necesariamente estarían en vías de generalizarse, dan cuenta de la posibilidad de falsación de la novela edípica tal cual fue construida en tanto ya asistimos a nuevos modos de acceso a la producción psíquica en sujetos que no provienen de un modelo con diferencia sexual masculino/femenino, sino que pueden ser no sólo criados sino hasta engendrados en el interior de alianzas de distinto orden:
femenino/femenino,
masculino/masculino,
femenino/espermatozoide donado /masculino,
masculino/óvulos-vientre prestados/masculino,
femenino/espermatozoide donado/ femenino;
femenino/probeta/masculino,
femenino/vientre prestado/masculino,
masculino/óvulo donado/ femenino...
en fin, un conjunto de combinaciones posibles que inciden, por supuesto, en la fantasmática particular de progenitores e hijos."
Silvia Bleichmar
Bajo su forma tan difundida como banalizada, este complejo, que consiste en el amor por el progenitor del sexo opuesto y por el odio al del mismo sexo, puede ser derribado en su carácter de organizador general del psiquismo a partir de las nuevas formas de procreación y crianza, dado que asistimos a nuevos modelos que si bien no necesariamente estarían en vías de generalizarse, dan cuenta de la posibilidad de falsación de la novela edípica tal cual fue construida en tanto ya asistimos a nuevos modos de acceso a la producción psíquica en sujetos que no provienen de un modelo con diferencia sexual masculino/femenino, sino que pueden ser no sólo criados sino hasta engendrados en el interior de alianzas de distinto orden:
femenino/femenino,
masculino/masculino,
femenino/espermatozoide donado /masculino,
masculino/óvulos-vientre prestados/masculino,
femenino/espermatozoide donado/ femenino;
femenino/probeta/masculino,
femenino/vientre prestado/masculino,
masculino/óvulo donado/ femenino...
en fin, un conjunto de combinaciones posibles que inciden, por supuesto, en la fantasmática particular de progenitores e hijos."
Silvia Bleichmar
para pensar ADOLESCENCIA(S)
Hermann Hesse - Demián
Muy pocos saben hoy lo que es el hombre. Muchos lo sienten y, por sentirlo, mueren más aliviados, como yo moriré aliviado cuando termine de escribir esta historia.
No soy un hombre que sabe. He sido un hombre que busca y lo soy aún, pero no busco ya en las estrellas ni en los libros: comienzo a escuchar las enseñanzas que mi sangre murmura en mí. Mi historia no es agradable, no es suave y armoniosa como las historias inventadas: sabe a insensatez ya confusión, a locura y a sueño, como la vida de todos los hombres que no quieren mentirse más a sí mismos.
(...)
Dos mundos fluían allí confundidos; el día y la noche venían de dos polos diferentes.
Uno de tales mundos se reducía a la casa paterna, y ni siquiera la abarcaba toda, sino que, en realidad, sólo comprendía a mis padres. Este mundo me era bien conocido en su mayor parte: se llamaba madre y padre, se llamaba amor y severidad, ejemplo y escuela. Sus atributos eran un suave resplandor, claridad y limpieza. Las palabras cariñosas, las manos lavadas, los vestidos limpios y las buenas costumbres tenían en él su centro. En él se cantaba el coral matutino y se festejaba la Nochebuena. En este mundo había líneas rectas y caminos rectos que conducían al porvenir; había el deber y la culpa, el remordimiento y la confesión, el perdón y los buenos propósitos, el amor y la veneración, la palabra de la Biblia y la sabiduría. En este mundo debía uno mantenerse para que la vida fuese clara y limpia, bella y ordenada.
El otro mundo comenzaba, sin embargo, en medio de nuestra propia casa y era completamente distinto, olía de otro modo, hablaba de otro modo, prometía y exigía otras cosas. En este segundo universo había criadas y aprendices, historias de aparecidos y rumores de escándalo; había una abigarrada marea de cosas monstruosas, atrayentes, terribles y enigmáticas, cosas como el matadero y la cárcel, hombres borrachos y mujeres escandalosas. (...) en derredor nuestro existían todas esas cosas bellas y espantables, salvajes y crueles (...) en todas partes brotaba y fluía este otro mundo impetuoso, en todas partes menos en nuestras habitaciones, en donde estaban mi madre y mi padre. Y esto era excelente. Era maravilloso que allí, en nuestra casa, hubiera paz, orden y reposo, deber y buena conciencia, perdón y amor, y era maravilloso que también existiera todo los demás, lo estruendoso y agudo, sombrío y violento, de lo cual podía uno huir en un instante, refugiándose de un salto al lado de la madre.
Lo más singular era que los dos mundos confinaban uno con otro, estrechamente yuxtapuestos.
Muy pocos saben hoy lo que es el hombre. Muchos lo sienten y, por sentirlo, mueren más aliviados, como yo moriré aliviado cuando termine de escribir esta historia.
No soy un hombre que sabe. He sido un hombre que busca y lo soy aún, pero no busco ya en las estrellas ni en los libros: comienzo a escuchar las enseñanzas que mi sangre murmura en mí. Mi historia no es agradable, no es suave y armoniosa como las historias inventadas: sabe a insensatez ya confusión, a locura y a sueño, como la vida de todos los hombres que no quieren mentirse más a sí mismos.
(...)
Dos mundos fluían allí confundidos; el día y la noche venían de dos polos diferentes.
Uno de tales mundos se reducía a la casa paterna, y ni siquiera la abarcaba toda, sino que, en realidad, sólo comprendía a mis padres. Este mundo me era bien conocido en su mayor parte: se llamaba madre y padre, se llamaba amor y severidad, ejemplo y escuela. Sus atributos eran un suave resplandor, claridad y limpieza. Las palabras cariñosas, las manos lavadas, los vestidos limpios y las buenas costumbres tenían en él su centro. En él se cantaba el coral matutino y se festejaba la Nochebuena. En este mundo había líneas rectas y caminos rectos que conducían al porvenir; había el deber y la culpa, el remordimiento y la confesión, el perdón y los buenos propósitos, el amor y la veneración, la palabra de la Biblia y la sabiduría. En este mundo debía uno mantenerse para que la vida fuese clara y limpia, bella y ordenada.
El otro mundo comenzaba, sin embargo, en medio de nuestra propia casa y era completamente distinto, olía de otro modo, hablaba de otro modo, prometía y exigía otras cosas. En este segundo universo había criadas y aprendices, historias de aparecidos y rumores de escándalo; había una abigarrada marea de cosas monstruosas, atrayentes, terribles y enigmáticas, cosas como el matadero y la cárcel, hombres borrachos y mujeres escandalosas. (...) en derredor nuestro existían todas esas cosas bellas y espantables, salvajes y crueles (...) en todas partes brotaba y fluía este otro mundo impetuoso, en todas partes menos en nuestras habitaciones, en donde estaban mi madre y mi padre. Y esto era excelente. Era maravilloso que allí, en nuestra casa, hubiera paz, orden y reposo, deber y buena conciencia, perdón y amor, y era maravilloso que también existiera todo los demás, lo estruendoso y agudo, sombrío y violento, de lo cual podía uno huir en un instante, refugiándose de un salto al lado de la madre.
Lo más singular era que los dos mundos confinaban uno con otro, estrechamente yuxtapuestos.
NARRACION y SUBJETIVIDAD. Un lector llamado Lucio Cerdá
CÓMO ME ACERCO A UN TEXTO
por Lucio Cerdá
¿Cómo me acerco a un texto o más precisamente, qué ocurre entre un libro y mis perplejidades? Leo siempre, desde siempre. Mis libros suelen parecerse a la memoria de lo que soy o creo ser: acuden a trabajar mi identidad, no se privan de cincelarme como múltiples artesanos prepotentes. Leer, creo, es siempre un encuentro y no quise elaborar nunca ninguna estrategia previa ante unas páginas desconocidas.
Sí, en cambio, reconozco un gesto habitual: acaricio casi impúdicamente la tapa, mis dedos recorren las hojas vírgenes de pupilas como si allí fuera a encontrar algún aviso de lo que vaya a ocurrirme. Nada; siempre es lo mismo. El lector es un cazador furtivo que recorre las tierras de otro, dijo alguien y así, justamente, me siento al comenzar la lectura.
Diferentes son, claro, las experiencias una vez que dejamos de ser el texto y yo, desconocidos. Hay libros que cierro definitivamente y mi semblante se parece a sí mismo; hay otros, sin embargo, que estallan como estrellas inocentes: son aquellos libros que se incrustan en mi alma y me inundan de conversaciones, de anhelos, de preguntas, de desazones. A estos últimos necesito imposiblemente tenerlos cerca y es así que intento oponerme a las leyes de la física. Donde hay varios, muchos libros, no puede haber otra multitud de ellos. Los alejo entonces pidiéndoles disculpas (ya te traeré cerca nuevamente, son sólo unas pocas semanas de separación).
Fui acusado de ensimismarme entre páginas, a veces con razón, y no faltó el rudo familiar que señalara la pérdida de tiempo que leer suponía (en aquellos días los acusados eran los libros del Príncipe Valiente). Mucho, mucho más tarde, encontré una justa réplica en Saramago: Son plácidas todas las horas que perdemos, si en el perderlas, como en una jarra, ponemos flores.
Una revelación final. No me suele ser grato que interrumpan la lectura más de lo debido con una excepción: una perrita llamada Azúcar no toma a veces demasiado en cuenta la seriedad de mis meditaciones y me hace saber, mirándome fijo largos instantes, que ha llegado la hora de jugar: allá voy.
jueves, 2 de noviembre de 2017
para pensar Narración y subjetividad
INSTRUCCIONES PARA ENSEÑAR A LEER A UN NIÑO
Gustavo Martín Garzo
Conviene empezar cuanto antes, a ser posible en la habitación misma de la clínica de maternidad, ya que es aconsejable que el futuro lector esté desde que nace rodeado de palabras. No importa que, en esos primeros momentos, no las pueda entender, con tal de que formen parte de ese mundo de onomatopeyas, exclamaciones y susurros que le une a su madre y que tiene que ver con la dicha. Poco a poco irá descubriendo que las palabras, como el canto de los pájaros o las llamadas del celo de los animales, no son sólo manifestación de existencia sino que nos permiten relacionarnos con lo ausente. Así, muy pronto, si su madre no está a su lado echará mano de ellas para recuperarla en su pensamiento, o si vive en un pueblo rodeado de montañas les pedirá que le digan cómo es el mundo que le aguarda más allá de esas montañas y del que no sabe nada.
Palabras del día y de la noche
Por eso los adultos deben contarle cuentos, y sobre todo, leérselos. Es importante que el futuro lector aprenda a relacionar desde el principio el mundo de la oralidad y el de la escritura. Que descubra que la escritura es la memoria de las palabras, y que los libros son algo así como esas despensas donde se guarda todo cuanto de gustoso e indefinible hay a nuestro alrededor, ese lugar donde uno puede acudir por las noches, mientras todos duermen, a tomar lo que necesita. A estas alturas habrá hecho un descubrimiento esencial, que existen palabras del día y palabras de la noche. Las palabras del día tienen que ver con lo que somos, con nuestra razón, nuestras obligaciones y nuestra respetabilidad; las de la noche con la intimidad, con el mundo de nuestros deseos y nuestros sueños. Y ése es un mundo que necesariamente se relaciona con el secreto. Por eso, el adulto no debe hablar demasiado al niño de los libros, ni abrumarle con consejos acerca de lo importante que es leer, porque entonces éste desconfiará. La madre que guarda en la despensa los dulces que acaba de preparar, no lo proclama a los cuatro vientos, y así los vuelve más codiciables. Las palabras de la literatura tienen que ver con ese silencio, con lo que se guarda y tal vez hay que robar, nunca con lo que nos ofrecen a gritos, y mucho menos a la luz del día, donde todos puedan vernos. El futuro lector, en suma, debe ver libros a su alrededor, saber que estan ahí y que puede leerlos, pero nunca sentir que es eso lo que todos esperan que haga.
Sería aconsejable, si me apuran, que los padres no los tuvieran demasiado a la vista, sino que los guardaran dentro de grandes armarios, que a ser posible mantendrían cerrados con llave. Aunque de vez en cuando se olvidarían esa llave, o de cerrar esos armarios, dándole al niño la opción de llevarse los libros cuando nadie les viera. Pero lo más importante es que el niño vea a sus padres leer. Discretamente, sin ostentación, pero de una forma arrebatada y absurda. El rubor en las mejillas de una madre joven, mientras permanece absorta en el libro que tiene delante, es la mejor iniciación que ésta puede ofrecer a su niño al mundo de la lectura.
Jardín secreto
Pero los libros son como aquel jardín secreto del que hablara F. H. Burnett en su célebre novela homónima: No basta con saber que estan ahí, sino que hay que encontrar la puerta que nos permite entrar en su interior. Y la llave que abre esa puerta nos tiene que ser entregada azarosamente por alguien. En la novela de F.H. Burnett es un petirrojo quien lo hace, y gracias a ello la niña puede visitar el jardín escondido. El que ese petirrojo tarde en presentarse no quiere decir que no vaya a hacerlo nunca, pero incluso si así fuera tampoco se alarme demasiado, ni por supuesto llegue a pensar que su hijito es un caso perdido. Piense que la lectura no siempre nos hace más sabios, ni más inteligentes, ni siquiera más buenos o compasivos, y que bien pudiera ser que ese niño que adora fuera como los bosquimanos, que tampoco leyeron una sola línea y eso no les impidió concebir algunos de los cuentos más hermosos que se han escuchado jamás. No olvide, en definitiva, que el cuento más necesario, y por el que seremos juzgados, es el que contamos sin darnos cuenta con nuestra vida.
(Artículo publicado el 17 de abril de 2003 por el suplemento Blanco y Negro Cultural del diario ABC)
ACERCA DE LA LENGUA ESCRITA II
Implicancias en el análisis de los procesos de apropiación y sus complejidades
"En la interpretación de este proceso de apropiación, se imponen además otros interrogantes centrales: ¿en qué consisten los procesos a través de los cuales los niños se convierten en poseedores eficaces de la lengua escrita?, es decir, ¿Cuáles son los caminos cognitivos que el niño deberá transitar para comprender las propiedades, el valor social y las funciones de la escritura?, ¿cómo interpreta un niño en proceso de aprendizaje las relaciones entre la lengua oral (lo que se dice) y la lengua escrita (lo que se escribe)?, por mencionar algunos.
Se trata de comprender que niños y niñas se posicionan tempranamente en lectores y escritores: “un lector-escritor es una persona que necesita y desea leer y escribir cotidianamente y que sabe cómo hacerlo. El ´saber como´ es un elemento central para mantener la actividad, ya que nadie incrementa aquello que le resulta difícil sino que tiende a evitarlo y, en lo posible, a abandonarlo” (Mirta Castedo).
"Pero también se trata de comprender que de igual modo, se erigen en intérpretes de este objeto sociocultural: “Lo escrito es un conjunto de marcas no figurativas, organizadas prolijamente en líneas y en cadenas enmarcadas por espacios en blanco, marcas que suscitan de manera misteriosa una oralidad adulta con altos grados de extrañeza léxica e incluso sintáctica. Un adulto lee el periódico y dice, en voz alta: “el vencimiento es el próximo lunes; no habrá prórroga”. ¿Qué comprende el niño de 4 o 5 años que escucha este acto de habla producto de una lectura que no le está destinada? La actitud de los adultos le indica que lo que acaba de escuchar es serio, o sea, es del orden del SI, no del COMO SI, ese como si que se instala en la ficción cuando uno de esos mismos adultos le lee un cuento. La escritura tiene el poder de suscitar ciertas acciones y reacciones emocionales que, aunque resulten incomprensibles, contribuyen a que, desde el inicio, se cobre confusa conciencia sobre una ambivalencia fundamental de los usos sociales de lo escrito. Porque la escritura tiene un doble valor social: por un lado, la escritura como medio para el ejercicio de la autoridad, del poder; por el otro, la escritura como juego de lenguaje, la ficción literaria o la poesía.”
Emilia Ferreiro
ACERCA DEL SISTEMA DE LA LENGUA ESCRITA
Preguntas epistemológicas
¿La escritura es un código de transcripción gráfico de unidades sonoras o constituye un sistema de representación del lenguaje?
Si se trata de un sistema de representación ¿cuál es la naturaleza de la relación entre lo real y su representación?
¿En qué consiste el proceso de diferenciación de los elementos y relaciones existentes en el objeto a ser representado? ¿qué elementos y relaciones se seleccionan para ser retenidos en a representación?
¿Qué es lo que la escritura representa?
1-¿se trata de representar las diferencias existentes en los significados?
2-¿se trata de representar las diferencias en los significados en relación con las propiedades de los referentes?
3-¿se trata de representar las diferencias entre los significantes?
4-¿se trata de representar diferencias entre los significantes en relación con los significados?
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