Piaget plantea que el arte del clínico consiste en situar
todo síntoma dentro de un contexto mental, en lugar de realizar una abstracción
de éste.
Respecto del clínico como entrevistador, plantea que se
trata de desarrollar un arte, que no consiste en conseguir que haya respuesta
sino en hacer hablar libremente al niño y en descubrir las tendencias
espontáneas en vez de canalizarlas y ponerles diques.
La indagación clínica propicia de modo constante la
conversación en un terreno fecundo, constituyendo una experiencia en el sentido
de que el clínico se plantea problemas, forma hipótesis, hace variar las
condiciones que entran en consideración y finalmente comprueba cada una de sus
hipótesis al contacto de las reacciones provocadas por la conversación. Pero,
aclara Piaget, la indagación clínica participa también de la observación
directa, en el sentido de que, el buen clínico dirigiendo se deja dirigir y tiene
en cuenta todo el contexto mental.
El buen experimentador clínico debe reunir dos cualidades
con frecuencia incompatibles:
-saber observar, es decir, dejar hablar al niño, no agotar
nada, no desviar nada;
-saber buscar algo preciso, tener en todo instante alguna
hipótesis de trabajo, alguna teoría, justa o falsa, que comprobar.
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