“Porque el desvanecimiento levísimo que había proyectado el dedo sin uña se
había ahondado ahora en el fondo de su cerebro (que es lugar prohibido a
nuestra mirada) en un estanque donde habitan las cosas en una oscuridad tan
profunda que casi no sabemos lo que son. Miró ese estanque o ese mar que
refleja todo –y lo cierto es que algunos dicen que nuestras pasiones más
fuertes, y el arte, y la religión, son reflejos que vemos en el hueco negro del
fondo de la cabeza, cuando efímeramente se oscurece el mundo visible. Ahora lo
miró, larga y profundamente, y el camino de helechos que trepaba la colina ya
no fue del todo un camino, sino en parte el Serpentine; los espinos del cerco
fueron en parte damas y señores con tarjetas y bastones de puño de oro; las
ovejas fueron en parte casas altas de Mayfair; cada cosa se cambió parcialmente
en otra, como si la conciencia de Orlando fuera una selva con avenidas
ramificándose por aquí y por allá; las cosas se alejaban y se acercaban, se
confundían y se apartaban, y hacían las más raras alianzas y combinaciones en
un incesante ajedrez de luz y de sombra.”
Virginia Woolf
"Orlando"
Virginia Woolf
"Orlando"
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