miércoles, 22 de junio de 2016

genéticamente determinados para ser únicos

"Somos individuos únicos, porque así lo determina la genética"
Lo afirma el biólogo Pierre Magistretti, que rescata el aporte del psicoanálisis

“Si el descubrimiento del genoma fue algo así como el hallazgo de nuestro alfabeto interior, ahora viene lo mejor: descubrir la manera en que cada ser humano escribe con esas mismas letras su propia novela, ya que estamos genéticamente determinados para ser únicos.”

El hombre que enuncia con tanta claridad cuál será el desafío de la ciencia en los próximos años se llama Pierre Magistretti. Experto en neurobiología, con significativas contribuciones al estudio del metabolismo de la energía cerebral, este científico suizo que obtuvo en 2002 la medalla Emil Kraepelin del instituto alemán Max Planck pasó hace algunas semanas por Buenos Aires y ofreció una conferencia en la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

Codirector del Brain Mind Institute y director del Center for Psychiatric Neuroscience en la Universidad de Lausana, Suiza, Magistretti no vino solo. Lo acompañó otro investigador cuyo campo de acción podría resultar, a simple vista, incompatible con el suyo: el psicoanalista François Ansermet. Ambos son autores de A cada cual su cerebro (Katz Editores), un ensayo que deja de lado el prejuicio de la incompatibilidad y propone, en cambio, un encuentro posible: el de la neurobiología y el psicoanálisis.

Su propuesta parte de una idea muy clara: así como para el psicoanálisis el sujeto ha sido, históricamente, un ser único "como excepción a lo universal", también ahora debería ser único para las neurociencias. ¿Por qué? "Porque, a diferencia de lo que se creía antiguamente, los últimos hallazgos indican que el cerebro es un órgano dinámico que ya no puede ser considerado como una organización definida y fija de redes de neuronas". Por lo tanto, funciona en cada persona de un modo singular.

Ahora, el sujeto del psicoanálisis y el de las neurociencias es el mismo, afirman los autores del libro. Y lo es en tanto que existe un concepto que une ambas miradas: el de la plasticidad neuronal.

-¿Podría explicar en qué consiste esa plasticidad?

-En cada uno de nosotros, la experiencia deja una huella. Y existe un puente claro entre la huella psíquica y la huella sináptica, es decir, la que se produce en la instancia de intercambio de información entre las células cerebrales. En otras palabras: antes pensábamos que el cerebro era un órgano genéticamente determinado, con ciertos mecanismos fijos de tratamiento de la información. Ahora sabemos que, gracias a la plasticidad, nuestra red neuronal es modulable por los acontecimientos y por la experiencia y que esa experiencia modifica en forma permanente las conexiones entre las neuronas. Los mecanismos de plasticidad operan durante toda la vida. El acontecimiento y la experiencia siempre pueden modificar un estado anterior.

-¿Esa concepción otorga espacio a lo singular, como lo hace el psicoanálisis, pero desde el punto de vista biológico?

-Sí. Podemos decir que el individuo está genéticamente determinado para no estar genéticamente determinado. O que estamos genéticamente determinados para ser únicos, en tanto que, como lo expresan científicos de la talla de V. G. Cheung y R. S. Spielman, dentro de la realización del programa genético de cada persona hay un lugar reservado a la experiencia y, por lo tanto, a la contingencia y a lo imprevisible.

-Desde mediados del siglo XX se habla mucho de la predisposición genética, que luego es moldeada por el entorno, el medio ambiente, la cultura. Se dice que un individuo puede tener una predisposición genética que lo lleva a sufrir una depresión y que esa enfermedad podrá desarrollarse, o no, según la participación de otros factores. ¿En qué se diferencia esta visión de la que usted plantea?

-Desde cierto enfoque de la genética, la aparición de una enfermedad dependerá de la interacción entre el genotipo y el medio ambiente. Es un modelo de interacción: la expresión genotípica está modulada por el afuera. En cambio, para nosotros el concepto de interacción debería ser reemplazado por el de plasticidad, que integra genoma y ambiente en un mismo nivel lógico: genotipo y ambiente se combinan por medio de esa plasticidad para producir un genotipo único e irrepetible. La diferencia es que la determinación genética no es mayor que la ambiental o la psíquica; todas se articulan en forma permanente y durante toda la vida.

-Si a fines del siglo XX la "estrella" de la ciencia fue la biología del gen, ¿ahora vamos hacia una biología de la mente, según lo propone, entre otros, el premio Nobel de Medicina Eric Kandel?

-Así es. La biología mental está sólo parcialmente determinada por la biología del gen. Y algo más: si ahora estamos viendo cómo escribimos nuestras propias novelas con las letras contenidas en nuestro mapa genético, también deberíamos cambiar el concepto de desarrollo (algo ya programado genéticamente) por el concepto de devenir: un proceso no determinado, que deja lugar a la contingencia.

-¿Se puede hablar de una biología del inconsciente?

-Lo que nosotros decimos es que se le puede atribuir un estatus biológico al inconsciente. Pensemos en situaciones en las que aparece una fantasía en un paciente que está en tratamiento psicoanalítico. En esas situaciones, la plasticidad le permitirá a ese sujeto liberarse de un escenario fantasmático fijo y utilizar esa fantasía, en lugar de ser esclavo de ella.

-Pero actualmente están en boga otro tipo de tratamientos "psi", como las terapias cognitivo-conductuales...

-Mire, le voy a dar otro ejemplo: si una persona les tiene miedo a los perros y le cuenta a su terapeuta que de chica fue mordida por un perro, una terapia cognitivo-conductual probablemente la ayude a tratar su miedo o su fobia. Pero si, en cambio, ese miedo está asociado con un problema más profundo, que quizá resida en la relación de esa persona con alguno de sus progenitores, eso es imposible de curar con una terapia que trabaje sobre lo consciente. El individuo en cuestión necesita resignificar eso que le pasa, y lo importante es marcar las diferencias: en el primer caso, existe un reporte directo entre experiencia y huella; en el segundo caso, hay una discontinuidad debida a que existieron reasociaciones o nuevos significados que separaron la experiencia de la huella. Todos esos procesos nos llevan de nuevo a destacar la riqueza de la plasticidad.

-En la Argentina se suele decir que no tenemos memoria como sociedad, sobre todo a la hora de votar. ¿Estos descubrimientos también podrían aplicarse a cuestiones que van más allá del individuo, como por ejemplo el tema de la memoria colectiva?

-No creo mucho en el concepto de memoria colectiva. Creo que existen individualidades y relaciones interpersonales. La cultura determina individualidades. Después, hay memorias individuales que pueden interactuar, pero no imagino que podamos llegar a hablar de una memoria colectiva neurobiológica. Eso mejor se lo dejamos a la sociología o a otras disciplinas.

-¿Qué diría Sigmund Freud de las teorías que usted sostiene?

-No creo que se sorprendiera. En su Proyecto de una psicología científica , de 1895, él ya entendía el rol de la plasticidad en el aprendizaje y en la memoria. Antes de Freud, Santiago Ramón y Cajal ya había hablado de la "gran movilidad inicial de las expansiones de la neurona". En los años 40, Donald Hebb también retomó el término. Freud fue original, porque dijo que no existía una sola inscripción de la experiencia. Por eso yo creo que hoy el psicoanálisis es un campo válido, importante e interesante. En este momento existen muchas presiones desde la psicología cognitiva que lo consideran perimido. Y a mí me parece que no podemos encarar lo que nos pasa como si las personas no tuvieran inconsciente. En este sentido, hasta hoy, no existe ninguna disciplina que haya encontrado una mejor manera de abordar los procesos inconscientes que el psicoanálisis.

-Eso suena raro en boca de un neurobiólogo...

-Bueno, eso es lo que pienso. Al igual que las neurociencias, el psicoanálisis tiene futuro. Hoy, a la luz de los mecanismos biológicos encontrados, las neurociencias deberían tomar del psicoanálisis las herramientas que les permitieran concentrarse en los aspectos únicos del sujeto. Por su parte, los psicoanalistas deberían seguir a Lacan, que en 1965 se preguntó por la existencia de una ciencia que incluyera al psicoanálisis. Creo que ambos pueden nutrirse del concepto de plasticidad y trabajar, en los próximos años, en el devenir de cada sujeto... y de cada cerebro. 

miércoles, 15 de junio de 2016

Cursantes no pasantes - TP final

La fecha y hora de entrega del Trabajo Práctico final es el jueves 23 de junio a las 18.00 hs. en el aula de la materia

domingo, 12 de junio de 2016

¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos?
Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde hace tanto tiempo, venimos enseñando?
José Saramago

CÓMO ME ACERCO A UN TEXTO, por Lucio Cerdá

¿Cómo me acerco a un texto, o más precisamente, qué ocurre entre un libro y mis perplejidades? Leo siempre, desde siempre. Mis libros suelen parecerse a la memoria de lo que soy o creo ser: acuden a trabajar mi identidad, no se privan de cincelarme como múltiples artesanos prepotentes.  Leer, creo, es siempre un encuentro y no quise elaborar nunca ninguna estrategia previa ante unas páginas desconocidas.

Sí, en cambio, reconozco un gesto habitual: acaricio casi impúdicamente la tapa, mis dedos recorren las hojas vírgenes de pupilas como si allí fuera a encontrar algún aviso de lo que vaya a ocurrirme. Nada; siempre es lo mismo. El lector es un cazador furtivo que recorre las tierras de otro, dijo alguien y así, justamente, me siento al comenzar la lectura.

Diferentes son, claro, las experiencias una vez que dejamos de ser el texto y yo, desconocidos. Hay libros que cierro definitivamente y mi semblante se parece a sí mismo; hay otros,  sin embargo, que estallan como estrellas inocentes: son aquellos libros que se incrustan en mi alma y me inundan de conversaciones, de anhelos, de preguntas, de desazones. A estos últimos necesito imposiblemente tenerlos cerca y es así que intento oponerme a las leyes de la física. Donde hay varios, muchos libros, no puede haber otra multitud de ellos. Los alejo entonces pidiéndoles disculpas (ya te traeré cerca nuevamente, son sólo unas pocas semanas de separación).

Fui acusado de ensimismarme entre páginas, a veces con razón,  y no faltó el rudo familiar que señalara la pérdida de tiempo que leer suponía (en aquellos días los acusados eran los libros del Príncipe Valiente). Mucho, mucho más tarde, encontré una justa réplica en Saramago: Son plácidas todas las horas que perdemos, si en el perderlas, como en una jarra, ponemos flores.


Una revelación final. No me suele ser grato que interrumpan la lectura más de lo debido con una excepción: una perrita llamada Azúcar no toma a veces demasiado en cuenta la seriedad de mis meditaciones y me hace saber,  mirándome fijo largos instantes, que ha llegado la hora de jugar: allá voy.

lunes, 6 de junio de 2016

PARA PENSAR NARRACIÓN Y SUBJETIVIDAD

http://www.perfil.com/cultura/Literatura-infantil-20160604-0081.html

ENTREVISTA A WOUTER VAN REECK

Literatura infantil

Nacido en Voorschoten, Holanda, en 1960, Wouter van Reek se ha vuelto un nombre conocido entre los más chicos a raíz de la edición de sus libros en la Argentina. PERFIL habló con él sobre cómo se gestan sus libros: haciendo de cuenta que le hablara a una inteligencia alienígena. 

Ah. La editorial Adriana Hidalgo adquirió los derechos de sus libros para la lengua española. La colección que los reúne –junto con más libros ilustrados de otros autores–, se llama Pípala.
Ah. La editorial Adriana Hidalgo adquirió los derechos de sus libros para la lengua española. La colección que los reúne –junto con más libros ilustrados de otros autores–, se llama Pípala. |
A grandes rasgos, la literatura infantil es un género, o más bien una práctica, que se suele definir en función del receptor: son aquellas obras que se dirigen a los chicos, se dice, o a las representaciones que cada época elabora sobre ellos. Sin embargo, los buenos libros, sean de la naturaleza que fueran, no suelen tener esas fronteras etarias y pueden prescindir de las etiquetas. En particular la literatura infantil, como recuerda María Teresa Andruetto, única hispanoamericana ganadora del premio Hans Christian Andersen, es –o debería ser–, ante todo, literatura, y en consecuencia, sortear todo tipo de “sobreactuaciones, estereotipos y retóricas que pueblan tantos libros para niños; escrituras serviles disfrazadas con ropajes nuevos”.
Curiosamente ni ella ni muchos escritores cuyos textos son hoy catalogados como “literatura infantil” –Perrault o La Fontaine, por ejemplo–, han tenido como “lector modelo” al niño. En muchos casos, lo que ocurre es que los autores, como dijo alguna vez Michel Tournier, han escrito tan limpidamente que pueden ser comprendidos por todos, incluso por niños –pese a lo cual, por distintos motivos, siempre han proliferado las adaptaciones, o más bien las mutilaciones brutales, cuyo resultado suele ser un texto aséptico, insípido y, por supuesto, con esa dosis de moral prescripta por la gente biempensante, de la que este tipo de literatura todavía no se puede deshacer–, y quizás algo así, o más o menos así, ocurre también con el holandés Wouter van Reek, tal vez uno de los escritores y dibujantes “para chicos” más interesantes de los últimos años, creador de Pinzón: un pájaro antropomórfico que, junto a su perro Tungsteno, acometen todo tipo de aventuras: cavan un túnel para descubrir objetos de otras épocas, diseñan una compleja maquinaria para extraer guindas de un árbol, o construye, Pinzón, una torre de Babel doméstica con la que pretende alcanzar las nubes.
Acaso uno de los puntos más interesantes de este autor es que, a diferencia de lo que sucede en libros similares, en los suyos no se reproduce el sentido común: más bien se lo pone en cuestión, y las imágenes, como debería ocurrir –pero a veces no ocurre– en todo libro-álbum, no están como figuras decorativas: no hay, de hecho, nada que sea meramente ornamental: todo tiene una función semiótica de cierta importancia; cada elemento está diseñado para decir algo relevante, quizás en parte porque Wouter se ha formado en una escuela de arte y proviene del diseño audiovisual (Pinzón, de hecho, nace a través de una animación).
Recientemente, la editorial  argentina Adriana Hidalgo ha editado varios de sus libros a través de la colección Pípala, y desde PERFIL tuvimos la oportunidad de dialogar con él sobre su trabajo y sobre el panorama actual de la literatura infantil: un género, o práctica, del que cada autor suele tener una visión muy personal, y cuya existencia algunos ponen en duda.
—¿Qué es para Wouter la literatura infantil?
—Para mí la literatura infantil no tiene tanto que ver con la edad como con otras cuestiones que me atraen. Tiene que ser fácilmente accesible, pero también se pueden introducir significados latentes, siempre y cuando no interfieran con la historia. Además no hay muchas expectativas artísticas o intelectuales, y eso da una oportunidad para sorprender al lector con nuevas ideas.
—¿Por qué escribe literatura infantil?
—Mi objetivo es hacer libros interesantes tanto para chicos como para adultos. Los chicos me gustan como público porque ellos tienen la mente muy abierta y no le temen a las nuevas ideas, y esto es así porque para ellos el mundo es todavía en gran parte desconocido. Más tarde, con los años, es muy fácil pensar que uno lo conoce todo, y desinteresarse por todo lo nuevo. También me gusta el público infantil porque los chicos tienden a re-leer los libros muchas veces; ellos son susceptibles a las pequeñas, sutiles adiciones, que sólo son detectadas cuando se lee el libro por vigésimo tercera vez. Y además los chicos son con frecuencia muy perceptivos visualmente, en parte debido a que no están acostumbrados, o no pueden, leer el texto rápidamente. En pocas palabras, los chicos son perceptivos y son lectores con una mente muy abierta que no tienen muchos pre-conceptos, y esto los hace un muy buen público: un poco como una inteligencia extraterrestre.
 —Sin embargo, en muchos libros se los suele subestimar: hay demasiados estereotipos, superficialidad, y si el autor no se adapta a determinados patrones, tal vez tenga que enfrentar algún tipo de censura o reprobación, porque muchos de estos editores usualmente no aprecian la originalidad. Michel Tournier dijo que a veces los editores de literatura infantil obedecen a leyes que excluyen la creación literaria. ¿Está de acuerdo con él?
—Sí, estoy de acuerdo. Hoy en día los editores están muy presionados por hacer nada más que dinero. Y eso va en contra de la originalidad. Pero no siempre es así. Personalmente, yo no he tenido esa experiencia: mi editor siempre me dio libertad para hacer lo que yo quiera. De todos modos, creo que hay un malentendido muy común en relación a los chicos: sólo porque son más jóvenes y han adquirido menos conocimientos, los adultos tienden a pensar que no son inteligentes, o no pueden apreciar cosas de una calidad más alta. Por supuesto ellos no son expertos que van a evaluar la calidad artística, pero ésa no es una razón para darles nada más que libros mediocres.  
 —¿Hay cosas que intenta evitar cuando dibuja o escribe?
—Sí, muchas cosas. Por ejemplo, trato de evitar que el protagonista sea un “héroe”. Creo que el personaje debería ser un poco estúpido, o egoísta, como cualquier persona real. También trato no hacer una mera ilustración del texto, sino un dibujo que cuente por sí mismo una parte de la historia.
En sus libros, en efecto, la acción en ocasiones avanza más a través de la imagen que a través del texto, e incluso hay dibujos, sin texto, parecidos a ideogramas chinos, a partir de los cuales se desarrollan pequeñas historias dentro de la historia, y que permiten esa lectura no lineal que se sabe que los chicos harían de todos modos, aunque no hubiera demasiados elementos para ello. O sea: en cada ocasión es posible advertir algo distinto, y esto también ocurre porque, como en la “literatura para adultos” –cuando es buena, al menos–, abundan los espacios en blanco, lo no dicho. De algún modo, el sentido lo debe “construir” el pequeño lector: es él quien completa el texto. Wouter, en otras palabras, no les mastica la comida a los chicos, no les piensa todo: los acostumbra a pensar más que a ser pensados, y por eso, entre otras cosas, sus personajes son –tienen que ser– imperfectos: deben equivocarse.
—¿Cómo nació Pinzón?
—A partir de intentar todo tipo de cosas. Creo que es imposible inventar algo sin que alguna cosa te haga “click” de una forma inconsciente. Con Pinzón ocurrió así. Luego hubo mucho trabajo para hacerlo realmente vivo.
—¿Y en qué consistió ese trabajo?
—Al hacer una producción audiovisual o un libro hay un proceso que tiene tres etapas. En la primera, se hacen los bocetos o fragmentos que algunas veces resultan muy lindos, porque tienen la frescura y calidad de las cosas nuevas. Luego, en la segunda etapa, para hacer de los bocetos un proyecto real, uno tiene que intentar combinar ideas, hacer un esquema, lograr que una cosa encaje con la otra. En esta instancia ya no hay frescura y las mejores ideas nunca parecen encajar en la historia. Hay que hacer muchos trabajos sin ningún progreso. Y a veces uno tiene que tirar cosas muy buenas. Por supuesto, esto lleva mucho tiempo, y a veces todo termina aquí. Pero en la tercera etapa, y luego de muchos meses de lucha, las cosas empiezan a mejorar. Los dibujos se vuelven naturales y recobran su frescura. De repente las nuevas ideas brotan y, de algún modo, encajan de diferentes maneras, y se combinan simultáneamente de una forma ingeniosa que uno nunca podría haber hecho por sí mismo. Es lo contrario de la segunda etapa: ahora es como si todo funcionara libremente. Esto, por supuesto, es una simplificación, pero las cosas parecen funcionar así. Mi sospecha es que la segunda fase te cambia el cerebro: habilita nuevos módulos favorables a tu proyecto, por lo que en la tercera etapa uno puede alcanzar un muy alto nivel en el proceso subconsciente.
 —¿Y de dónde vienen esas ideas que surgen en las primeras etapas?
—En última instancia, mis ideas vienen de la ciencia. La ciencia es una invención muy extraña: engañando a la naturaleza para que dé respuestas a nuestras preguntas, logramos descubrir cómo funciona el mundo. Y las respuestas son con frecuencia muy extrañas y totalmente diferentes a lo que dicta la intuición, como sucede con la relatividad, la mecánica cuántica, o las supernovas. Aprender sobre todo esto me ayuda a retroceder y ver una pequeña parte de la rareza del universo. Desde ese lugar es posible observar los acontecimientos cotidianos desde una nueva óptica.
—Pero pensar desde la ciencia, ¿no pone límites a la imaginación?
 —Creo que no, porque en la ciencia no hay pre-conceptos que nos limiten; por el contrario, se trabaja para deshacerse de ellos. Así que yo siento como si mi libertad se incrementara y el mundo se hiciera más grande. A través de la ciencia se puede entrever, literalmente, un poco de la inimaginable vastedad del espacio, o partes invisibles del mundo, como los átomos o los rayos gamma, y estas son cosas que le dan al mundo una riqueza inesperada que alimenta mucho la imaginación.
—Yo me refería a lo que ocurre, por ejemplo, con los escritores de ciencia ficción hard, que tienen que adaptarse a las leyes científicas, o potenciales leyes científicas... Algunos, de hecho, se han referido al género como “imaginación razonada”.
—Sí, está bien, eso es cierto, algunas veces yo tengo ese problema también, pero por supuesto en los libros sólo uso la ciencia como inspiración; de hecho hay muchos disparates no científicos...   
—Y por otro lado también se pueden advertir mensajes cifrados, que parecen dirigirse a los chicos, pero también a los adultos. ¿En qué lector piensa cuando escribe?
—En ambos, o una mezcla de ambos. En un lector desconocido pero inteligente, que no tiene muchos conocimientos previos, pero que puede ver las cosas de una manera muy intensa. Digamos que tengo en mente algo parecido a una inteligencia alienígena.  
—¿Qué cosas le parecen positivas y negativas de la literatura infantil actual?
—Yo no sé mucho sobre literatura infantil, en realidad. Como te dije, mi puerto de entrada es la ciencia. Pero creo que lo negativo es algo que ocurre con todo lo demás también: en nuestros días todo se suele reducir a hacer dinero. Y lo positivo es que hoy hay muchas más posibilidades que las que había antes.

domingo, 5 de junio de 2016

IMPORTANTE - CURSANTES NO PASANTES

Debido a una cuestión de salud del docente, la reunión del lunes 6 de junio se pospone al lunes 13 de junio.

CALIFICACIONES 1er.PARCIAL

CURSANTES NO PASANTES

ARROSSAGARAY 7 siete
ASSIS 6 seis
CASTRO 5 cinco
COUREIRO 6 seis
CHOQUE 9 nueve
ESCOBAR 8 ocho
GRENON 6 seis
IRIARTE 8 ocho
MUÑOZ recuperatorio
ORZABAL 7 siete
PAGLIETA 9 nueve
PASUTTI 9 nueve
RUTL 6 seis
TOME 8 ocho
TROVALESI 6 seis
VALIENTE 6 seis