Clínica Psicopedagógica: compromisos y consecuencias teórico-clínicas
Oscar Amaya
Si concebimos a la clínica psicopedagógica como una reflexión y práctica de carácter
interdisciplinario, es necesario entender que una disciplina con este
espíritu comienza a constituirse a través de la convergencia de problematizaciones, es decir, una
práctica de pensamiento que cuestiona saberes vigentes respecto de una escena,
fenómeno u objeto de conocimiento; se trata de una modalidad epistémica de la discontinuidad respecto de una
comprensión anterior sostenida como válida, fundando por ello un espacio de
interrogación crítica. No se trata de los modos tradicionales de demarcación
disciplinaria rígida y fija, puesto que las problemáticas clínicas no deberían buscar fronteras disciplinarias, sino favorecer la integración y producción de
conocimientos en pos del estudio de un objeto complejo de conocimiento
confluyente.
La concepción interdisciplinaria sostiene que lo real no es un
fenómeno obvio y unívoco que puede comprenderse de modo inmediato, sino que se
manifiesta como complejo, contradictorio y opaco.
Para ello debemos considerar la complejidad del sujeto clínico, en sus dimensiones
articuladas (no superpuestas). Un modo posible de abordarlas -distinguiéndolas
pero no por ello descomponiéndolas, aislándolas ni jerarquizándolas- nos
permitirá observar predominancias o posibles desequilibrios existentes entre
ellas (lo que no convierte a una dimensión en la causa del problema), considerando la lógica subyacente que las organiza: cada una de ellas incluye a la
otras, al tiempo que cada una se encuentra incluida en las demás:
-la dimensión racional de la expresión cognitiva
-la dimensión semiótica de la expresión significativa, creativa
e imaginativa
-la dimensión emocional de la expresión fantasmática
-la dimensión de la estructura orgánica de la expresión de
los procesos determinados por el genoma articulados con la actividad epigenética
(capacidad del medio ambiente para producir expresiones
génicas que de otro modo no podrían producirse, generando por ello circuitos neurales producto de la
experiencia del sujeto con sus entornos).
Es sí que como clínicos psicopedagogos debemos considerar en el sujeto:
-lo dado,
-lo adquirido,
-lo creado,
-lo potencial
Se trata de un todo funcional y organizado, en el que
importan las interacciones que mantienen las dimensiones que lo configuran, que
se despliegan de modo individual y a la vez conjunto, mediante procesos
dinámicos de regulación. Esto nos permitirá formular interpretaciones e hipótesis
significativas, que impliquen conclusiones que no se encuentren confinadas en
campos de estudio disciplinares separados e inconmensurables.
La perspectiva interdisciplinaria invita a “descender” a la
singularidad subjetiva, tomando distancia de abstracciones, universales
diagnósticos, de tipos de “normalidad” y supuestas desviaciones, a fin de
constituir una mirada clínica de la
diversidad de singularidades que presentan nuestros pacientes en sus procesos
de aprendizajes, y de las problemáticas en torno a estos procesos.
Todo ello implica conceptualizar a la clínica psicopedagógica desde el paradigma de la complejidad, algo que requiere de un cuidadoso trabajo con los colegas de otras clínicas, a fin de
que comprendan nuestro posicionamiento y los compromisos teóricos y clínicos
que ello implica: una tarea difícil y no siempre entendida. No resulta sencillo
comprender que un pensamiento complejo no constituye un pensamiento totalizador, no se trata de una
explicación que busca la completud, o alguna verdad que todo lo abarque;
se
trata de otro modelo diagnóstico y de tratamiento clínicos, que deja abierto un
espacio de incertidumbre, de lo incalculable o no anticipable, lo no-cuantificable,
de búsqueda no acabada de la comprensión de la singularidad subjetiva. El
obstáculo epistemológico al que nos enfrentamos los clínicos psicopedagogos es
el siguiente: el problema no es no saber,
el problema es no saber que no se sabe,
y por lo tanto, suponer que lo que sabemos es la totalidad de lo que puede
saberse.
El dispositivo clínico así planteado posee otra temporalidad diferente a la
cronológica, a las urgencias de lo escolar, lo familiar, incluso a la de otros
tratamientos. Esa otra temporalidad: la de los procesos de subjetivación de
producción de sentido, el trabajo de propiciar que lo que ocurre sean un objeto pensable, lo que permite el
advenimiento de posiciones subjetivas del sujeto aprendiente en la apertura de
espacios clínicos de reflexión.
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