sábado, 2 de abril de 2016

Clínica Psicopedagógica

Clínica Psicopedagógica: compromisos y consecuencias teórico-clínicas

Oscar Amaya

Si concebimos a la clínica psicopedagógica como una reflexión y práctica de carácter interdisciplinario, es necesario entender que una disciplina con este espíritu comienza a constituirse a través de la convergencia de problematizaciones, es decir, una práctica de pensamiento que cuestiona saberes vigentes respecto de una escena, fenómeno u objeto de conocimiento; se trata de una modalidad epistémica de la discontinuidad respecto de una comprensión anterior sostenida como válida, fundando por ello un espacio de interrogación crítica. No se trata de los modos tradicionales de demarcación disciplinaria rígida y fija, puesto que las problemáticas clínicas no deberían buscar fronteras disciplinarias, sino favorecer la integración y producción de conocimientos en pos del estudio de un objeto complejo de conocimiento confluyente. 
La concepción interdisciplinaria sostiene que lo real no es un fenómeno obvio y unívoco que puede comprenderse de modo inmediato, sino que se manifiesta como complejo, contradictorio y opaco.

Para ello debemos considerar la complejidad del sujeto clínico, en sus dimensiones articuladas (no superpuestas). Un modo posible de abordarlas -distinguiéndolas pero no por ello descomponiéndolas, aislándolas ni jerarquizándolas- nos permitirá observar predominancias o posibles desequilibrios existentes entre ellas (lo que no convierte a una dimensión en la causa del problema), considerando la lógica subyacente que las organiza: cada una de ellas incluye a la otras, al tiempo que cada una se encuentra incluida en las demás:

-la dimensión racional de la expresión cognitiva
-la dimensión semiótica de la expresión significativa, creativa e imaginativa
-la dimensión emocional de la expresión fantasmática
-la dimensión de la estructura orgánica de la expresión de los procesos determinados por el genoma articulados con la actividad epigenética (capacidad del medio ambiente para producir expresiones génicas que de otro modo no podrían producirse, generando por ello circuitos neurales producto de la experiencia del sujeto con sus entornos).

Es sí que como clínicos psicopedagogos debemos considerar en el sujeto:

-lo dado,
-lo adquirido,
-lo creado,
-lo potencial

Se trata de un todo funcional y organizado, en el que importan las interacciones que mantienen las dimensiones que lo configuran, que se despliegan de modo individual y a la vez conjunto, mediante procesos dinámicos de regulación. Esto nos permitirá formular interpretaciones e hipótesis significativas, que impliquen conclusiones que no se encuentren confinadas en campos de estudio disciplinares separados e inconmensurables.

La perspectiva interdisciplinaria invita a “descender” a la singularidad subjetiva, tomando distancia de abstracciones, universales diagnósticos, de tipos de “normalidad” y supuestas desviaciones, a fin de constituir una mirada clínica de la diversidad de singularidades que presentan nuestros pacientes en sus procesos de aprendizajes, y de las problemáticas en torno a estos procesos.

Todo ello implica conceptualizar a la clínica psicopedagógica desde el paradigma de la complejidad, algo que requiere de un cuidadoso trabajo con los colegas de otras clínicas, a fin de que comprendan nuestro posicionamiento y los compromisos teóricos y clínicos que ello implica: una tarea difícil y no siempre entendida. No resulta sencillo comprender que un pensamiento complejo no constituye un pensamiento totalizador, no se trata de una explicación que busca la completud, o alguna verdad que todo lo abarque; 
se trata de otro modelo diagnóstico y de tratamiento clínicos, que deja abierto un espacio de incertidumbre, de lo incalculable o no anticipable, lo no-cuantificable, de búsqueda no acabada de la comprensión de la singularidad subjetiva. El obstáculo epistemológico al que nos enfrentamos los clínicos psicopedagogos es el siguiente: el problema no es no saber, el problema es no saber que no se sabe, y por lo tanto, suponer que lo que sabemos es la totalidad de lo que puede saberse.


El dispositivo clínico así planteado posee otra temporalidad diferente a la cronológica, a las urgencias de lo escolar, lo familiar, incluso a la de otros tratamientos. Esa otra temporalidad: la de los procesos de subjetivación de producción de sentido, el trabajo de propiciar que lo que ocurre sean un objeto pensable, lo que permite el advenimiento de posiciones subjetivas del sujeto aprendiente en la apertura de espacios clínicos de reflexión.

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