miércoles, 14 de septiembre de 2016

perspectivas constructivistas: Schmid-Kitsikis (II)

Pensar este modelo desde la perspectiva interdisciplinaria invita a “descender” a la singularidad subjetiva, tomando distancia de abstracciones, universales diagnósticos, de tipos de “normalidad” y supuestas desviaciones, a fin de constituir una mirada clínica de la diversidad de singularidades que presentan nuestros pacientes en sus procesos de aprendizajes, y de las problemáticas en torno a estos procesos.

Todo ello es que implica conceptualizar a la clínica psicopedagógica desde el paradigma de la complejidad: algo que requiere de un cuidadoso trabajo, a fin de comprender este posicionamiento y los compromisos teóricos y clínicos que ello implica, puesto que se trata de una tarea difícil y no siempre entendida. No resulta sencillo comprender que un pensamiento complejo no constituye un pensamiento totalizador, no se trata de una explicación que busca la completud, o alguna verdad que todo lo abarque;  se trata de otro modelo diagnóstico y de tratamiento clínicos, que deja abierto un espacio de incertidumbre, de lo incalculable o no anticipable, lo no-cuantificable, de búsqueda no acabada de la comprensión de la singularidad subjetiva. El obstáculo epistemológico al que nos enfrentamos los clínicos psicopedagogos es el siguiente: el problema no es no saber, el problema es no saber que no se sabe, y por lo tanto, suponer que lo que sabemos es la totalidad de lo que puede saberse.

Un dispositivo clínico así planteado posee otra temporalidad diferente a la cronológica, a las urgencias de lo escolar, lo familiar, incluso a la de otros tratamientos. Esa otra temporalidad: la de los procesos de subjetivación de producción de sentido, el trabajo de propiciar que lo que ocurre sea un objeto pensable, lo que permite el advenimiento de posiciones subjetivas del sujeto aprendiente en la apertura de espacios clínicos de reflexión.

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